¿Qué Será de la Frontera?

José Valdivia and Celeste Rodriguez

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Confusión, caos, y coacción crecen desenfrenadamente en la frontera de EEUU y México. La caravana centroamericana, que ha estado migrando hacia la frontera en búsqueda de asilo, por fin, ha llegado a EEUU, señalando los enfrentamientos entre inmigrantes y oficiales que ya han transcurrido y seguirán.

El Presidente Trump, desde el empiezo de su postulación presidencial, anunció sus ideologías firmes contra la inmigración de países latinoamericanos y del medio oriente. Desde entonces, entre ataques fronterizos y anuncios de la terminación de ciudadanía por nacimiento, el presidente ha cometido ambos errores inmigratorios, pero jamás uno como éste:

De acuerdo a HOY Los Ángeles, “cientos de migrantes centroamericanos pretendían entrar a la fuerza al país tras abrir una brecha en la barda fronteriza en San Diego.” En respuesta a los inmigrantes, el Presidente Trump amenazó, por medio de Twitter, que EEUU “[cerraría] la frontera permanentemente.”

Esta decisión no es la primera que el presidente anuncia sin primero considerarlo. Por supuesto, los apoyadores republicanos de Trump se contentan con las amenazas y decisiones infantiles de un presidente inconsistente. Pero para otros, demócratas o no demócratas, una decisión como ésta tiene el poder de crear un problema económico e inmigratorio.

Según La Opinión, el reciente enfrentamiento fronterizo “interrumpió el comercio en las cercanías del puerto de entrada de San Ysidro durante casi todo el día—con pérdidas de $5.3 millones.”

Si durante sólo un día de cerradura la pérdida resultó en más de cinco millones, entonces ¿cuánto perderíamos con una cerradura permanente? El Wall Street Journal escribe que “cerrando la frontera [solo] por un tiempo extendido… corre el riesgo de disruptir el comercio y la vida de miles en EEUU y México.”   

Este evento presenta un problema humanitario, que la administración Trump  violentamente niega. Lorella Praeli, subdirectora política para la Unión Americana de Libertades Civiles, comenta que “en ninguna circunstancia CBP debería usar gas lacrimógeno en contra de niños. Esta demostración de violencia es indignante e inhumana.”

La amenaza del presidente con respecto a la cerradura fronteriza representa una administración insensible que carece de valores y sentido común. Geoff Gilbert, Profesor de Derechos Humanos Internacionales en la Universidad de Essex, ha mencionado que el uso de gas lacrimógeno en la frontera podría, de hecho, ser ilegal. “Si los migrantes hubieran estado en territorio estadounidense y plantearán una amenaza inmediata, los agentes de protección fronteriza podrían haber justificado el uso de gas lacrimógeno para dispersarlos en ciertas condiciones.”

En realidad, no hay razón por la cual la administración de Trump debería de rechazar a migrantes buscando asilo en los EEUU. El Artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos menciona que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él en cualquier país.”

La mayoría de los migrantes en la caravana rumbo a los Estados Unidos simplemente son personas huyendo de la persecución y pobreza prominente en países centroamericanos. La prevención de solicitud de refugio es violación de ley internacional.

Es evidente que el presidente Trump sostiene una opinión parcial con respecto a los centroamericanos en búsqueda de refugio. Ha pintado una imagen tendenciosa de los migrantes, comentando que la caravana contiene a “criminales y terroristas” sin alguna evidencia.